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Cuando ponemos nuestra confianza en Dios recibimos grandes bendiciones y derechos. El derecho a ser hecho hijo de dios, el privilegio de gozar de su favor y de su cuidado.

Pero también adquirimos obligaciones. La obligación de dejar crecer a nuestro nuevo ser a la imagen de Cristo o la de dejar las formas del mundo y poner nuestras prioridades en Dios, lo que, por otra parte, sigue siendo una gran bendición