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Basado en los mensajes a las iglesias en Apocalipsis 2 y 3.

Dios es un Dios personal, que se preocupa por cada uno individualmente y que tiene una respuesta adecuada a la necesidad de cada uno.

Por ello, cada mensaje es diferente para cada iglesia, aunque tienen tres cosas en común.

El primer aspecto en común es que están dirigidos al “ángel” de cada iglesia, es decir a los responsables de velar por la congregación y de cuidar de lo que se acepta como “bueno”.

Lo segundo que tienen en común es que a todas se les anima a seguir hasta el final, a pesar de los problemas y las pruebas, porque hay una esperanza, una recompensa, para los que perseveren en la verdad.

Lo tercero es que en todos los mensajes se insta a escuchar y a responder a la corrección.

Cada uno de nuestros somos responsables de crecer en madurez y responsabilidad, ya que no habrá excusas en el día del juicio y,  para esto, nada puede sustituir a una actitud de búsqueda y comunión personal, diaria, con Dios.

Finalmente, pensemos en cómo está nuestro amor (por Dios, por nuestra iglesia, por nuestra familia, por nuestros semejantes…).

Porque si falla nuestro amor, si se enfría, de nada valen sacrificios o trabajos.

Por ello, ¡Busca a Dios!

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